«La pasión pura no sirve para escribir. Cuando uno puede escribir sobre aquello que vivió es porque ya lo ha pulido el tiempo», le dijo Abelardo Castillo a Liliana Villanueva en una entrevista que documentó en su bellísimo libro Maestros de la escritura.

Estos últimos años fueron tan movidos que solo pude, o quise, detenerme a contarlos recién al final o al comienzo del siguiente. Intento entonces, y sé que voy a fallar, hacer un resumen de todo lo que no publiqué «a tiempo». A ese tiempo frenético, algorítmico, artificial, que todavía me resulta muy ajeno.

Así, en ese hacer demorado o a mi tiempo, me desafío a reducir la dimensionalidad de lo que pasó en el año, juego a extraer e identificar sus entidades. Y enseguida, en medio de ese buceo por categorías siempre inexactas, intento amigarme con los «entre», con los espacios liminales, con los bordes.

En el resumen del 2024 contaba que había navegado entre dos mundos, el natural y el artificial, y que a ninguno sabía bien cómo llamarlo. Explicaba que había pendulado entre el verbo y el vector, y auguraba para el 2025 una profundización de esos cruces. Y así fue: un año de python, vibecodeo, procesamiento del lenguaje natural, escritura distante, interfaces y poesía.

A comienzos de año hice un curso virtual de Power BI, siguió otro de Stable Diffusion a cargo de Veronica Calzada y Alejandro Biscione de LAIA; luego dos más organizados por Letra y Código, el proyecto del Departamento de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA: «Fundamentos de los grandes modelos de lenguaje y aplicación de técnicas de Prompting» e «Introducción al Procesamiento del Lenguaje Natural con Python e IA».

Hacia fin de año participé también del «Taller de Inteligencia Artificial Generativa en forma local. LLMs en tu PC usando Ollama y Ollamar», organizado por LatinR y dictado por Germán Rosati. Además, en LAIA creamos el espacio interno que dimos en llamar «Corte programado»: reuniones virtuales y presenciales, facilitadas por el inmenso David Coronel, en las que nos metimos de lleno en python y su sintaxis.

Ninguno de esos conocimientos técnicos hubiera sido posible si mientras tanto no volvía a casa: cursé un taller de edición de ensayos anfibios, coordinado por Revista Anfibia y facilitado por María Mansilla, y dos de la Red de Bibliotecas Púbicas de la Ciudad. Uno de escritura autobiográfica, con Cecilia Szperling, y otro de narración oral y poesía, coordinado por la maravillosa Diana Tarnofky. Durante casi seis meses un grupo de mujeres nos encontramos todos los martes en la Biblioteca Evaristo Carriego a tramar nuestra pequeña revolución semanal: leer, escribir y susurrar poesía, encontrar en los epígrafes de libros posibles oráculos, movernos al ritmo de la lectura, devolverle el cuerpo a la palabra y sacar a pasear la voz.

El 2025 fue también un año de muchísimo crecimiento para LAIA. Desde el equipo de Palabras Cargadas, especialmente abocado a la intersección entre lenguaje e inteligencia artificial, con David Coronel a la cabeza, desarrollamos Calíope: una interfaz de IA que acompaña el proceso de escritura y de pensamiento mediante preguntas, pero no devuelve ningún texto terminado. Porque nos gusta escribir y porque lo padecemos. Y porque por ahora no queremos relegar en las máquinas ninguna de las dos cosas.

Calíope comenzó como un prototipo y fue tomando vuelo: se sumaron al equipo de desarrollo especialistas en diseño UX/UI; organizamos tres jams de escritura con docentes, investigadores, lingüistas, correctores y escritoras; coordinamos con Mariana Ferrarelli y Sebastián Adúriz un taller en la Media Party Party para periodistas; la probaron alumnas y alumnos de la Universidad Nacional de México y también debutó con las infancias en los clubes digitales a los que nos convocó la Secretaría de Ciencia y Técnica de Formosa. A mediados de noviembre, y otra vez al ladito de Florentina Guaita, contamos la experiencia de su desarrollo y reflexionamos sobre nuevas filosofías de diseño en el IV Workshop de Inteligencia Artificial y Filosofía, organizado por Tomás Balmaceda, Karina Pedace y el grupo GIFT. Como si no alcanzara con nuestro entusiasmo nato, las devoluciones tan favorables que recibimos a lo largo del año nos impulsaron a delinear los próximos pasos: más funcionalidades, posibles usos, nuevos públicos.

Gracias a la invitación siempre generosa del equipo de TecnocenoLab en octubre estuvimos presentes en el Foro Internacional “Democracias y Ciencias Sociales bajo ataque” organizado por CLACSO y la Facultad de Ciencias Sociales – UBA. Junto con Flavia Costa y David Coronel, facilitamos el «Taller de inmersión crítica en IA. Nadie sabe qué pueden hacer los modelos de lenguaje», en el que compartimos algunas técnicas de procesamiento de lenguaje natural aplicadas al análisis del discurso y la investigación en ciencias sociales.

El año pasado, además, empezamos a tejer redes de colaboración con instituciones del otro lado del océano: presentamos a LAIA como una de las asociaciones que ofrecerá prácticas profesionales a los estudiantes de la Maestría en Ciencia de Datos aplicada a las ciencias sociales de la Universidad de Granada.

Aquí, en Significante, acompañé durante todo el 2025 a veinticuatro personas en sus proyectos de escritura: corregí diez tesis de doctorado, cinco novelas, tres artículos científicos, tres libros de cuentos y tres ensayos. Once de ellas me confiaron sus palabras por primera vez y con el resto avanzamos en proyectos nuevos. Además, trabajé como correctora de estilo externa de la Escuela de Posgrado de la Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires. Agradezco otro año más la generosidad y confianza de Leandro Martínez.

Después de varios años y una pandemia, mi querido colega Pablo Alí me volvió a convocar para que lo acompañara en sus clases y durante marzo y abril dictamos el curso de Lenguaje Claro y Redacción jurídica para la UTE-Ecuador. También compartí con Alejandro Vagnenkos el dictado de la materia Escritura Jurídica, Cine y Derecho en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Hacia mediados de mayo me convocó el Ministerio de Gobierno. Trabajo y Turismo de Río Negro para formar al personal en la redacción de textos administrativos en lenguaje claro. Y ya hacia fin de año, cuando la agenda parecía colapsar, tuve el placer de acompañar a la grandiosa Mariana Ferrarelli en el laboratorio “Chatbots en el aula: intervenciones generativas para potenciar la enseñanza”, coordinado por la Escuela de Maestros de la Ciudad de Buenos Aires.

Pero lo más lindo del 2025 fueron, como siempre, las personas con las que compartí un rato el camino. Todas las que confiaron en mí para que trabajara en sus proyectos. Todas las de LAIA, talentosas, intensas, curiosas, comprometidas, manijas. Mención especial para Andrés Neuman, con quien intercambiamos mails y audios sobre la patria granadina, cuna de su poesía. A dos días de mi cumpleaños, pude conocerlo personalmente en la Feria del Libro y sus palabras, más bien fosforescentes, fueron uno de los mejores regalos.

Gracias a mi familia: esa banda amiga que me aguanta el corazón. Y gracias a mis amigas de toda la vida, porque nada me pasa de verdad si antes no pasa por ellas.

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